Hace siete años que nació el pequeño de la casa, el niño de mis ojos. Recordando aquel día y reflexionando sobre estos siete años, me he dado cuenta que mi papel no siempre ha sido de tía consentidora. 

¿Qué tal si reflexionamos acerca de este tema? 

«Educar la mente sin educar el corazón no es educar en absoluto»

Aristóteles.

Siempre he sido consciente que mi papel, a parte de tía, debía ser el de hermana. Y así lo hice porque me apetecía. Hermana que acompaña en el camino de la educación de sus hijos. Que suma y no resta. Como familiares es tan importante la colaboración y apoyo a los padres para que se sientan acompañados y no nos vean como personas que anulan sus decisiones o actos.

Siempre le apoyo, aunque me parezca mal. Y solo cuando me pide consejo, solo entonces, doy mi opinión. Ser espectadores de su educación, sin meterse en el espectáculo pero apoyando sus decisiones. Al igual que mi hermana, quiero que sean unos niños educados, de buen corazón, respetuosos con los demás, obedientes y consecuentes de sus actos. Y para ello, me veo en la obligación de acompañarle en el camino para que se sienta apoyada y no enfrentarme a ella cuando esté más débil. 

Quizás tú piensas totalmente diferente y crees que estamos para mimar y dar caprichos. Me encantaría que me lo dejaras en comentarios y pudiéramos debatirlo. Pero sinceramente creo que una dosis de todo es posible y perfectamente viable. No lleguemos al punto que un padre o madre se encuentre en la situación de sentirse padre o madre de algún que otro adulto. Y yo, antes que tía, fui hermana. 

La educación es un hecho tan importante en sus vidas, desde pequeños necesitan pautas que les guíen en ese proceso de convertirse en unas personitas con valores positivos y verdaderos. 

Establecer vínculos especiales con ellos. Sembrar eso que tienes tú de bueno en ellos, aunque sea una mínima parte. Siempre aportando aspectos positivos a su forma de ver o de pensar. Siendo su apoyo o confidente. Mimando cuando más lo necesiten y confiando que las decisiones de sus padres son siempre las mejores que desde su propio punto de vista pueden tomar. 

Ama, ámate y siempre ama. Desde el amor, todo se puede.

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