Hace un año sentí, que amar también duele. Hace un año que nuestra pequeña llegó a nuestras vidas y es inevitable que quiera dejar constancia de aquello aquí, hoy, un año después.  

Tu llegada fue un comienzo lleno de altibajos, muchas emociones tanto positivas como negativas que nos iban sacudiendo de manera inesperada. Aprendimos mucho hace un año, lecciones que se quedan guardadas en un rinconcito del corazón y florecen de vez en cuando. Un comienzo que nos marcará de por vida y que aún no he superado del todo, porque llegar a casa y no tenerte en mis brazos, al tiempo que no notaba tus pataditas en mi vientre, es difícil para cualquier madre. 

«El tiempo que perdiste con tu rosa hace que tu rosa sea tan importante»

 Antoine de Saint-Exupéry

Como escribía en un blog antiguo, el día que naciste se fue una parte de mí, que entonces pensaba que volvería, pero ahora he entendido que no volverá. Ya no soy la Ana de hace más de un año. Mis prioridades, aspiraciones, necesidades y aficiones han cambiado. Aunque al principio puede ser chocante y adaptarse puede ser complicado, una vez que lo consigues y asumes, todo fluye mejor. Y por una Elena en mi vida, siempre merece la pena el cambio.

Después de todo esto, siento que ha sido un año maravilloso. He valorado cada avance en tu desarrollo, apuntando cada hito en una libreta en un ánimo de guardar cada recuerdo en un lugar seguro. 

Ha sido un año de conocerte, de conocernos. Eres valiente y atrevida. Me asusta a la vez que me encanta verte descubrir el mundo con tanto entusiasmo. Eres observadora y regalas sonrisas cuando realmente lo sientes. Esto último lo siento muy cercano. Y es que en estos tiempos que has nacido te ha tocado aprender a leer sonrisas en la mirada, no sé si me termina de gustar demasiado. Tienes carácter, sabes lo que quieres. La lactancia y el tiempo conmigo ha hecho que encuentres consuelo en mi regazo y hace poco me prometí a mi misma, disfrutar de esos ratitos para cuando inevitablemente desaparezcan. Porque la vida, ¡Ay mi pequeña Elena! La vida está hecha para los valientes y disfrutones. Juntos los tres, intentaremos hacernos felices y vivir cada etapa de nuestras vidas con toda la entrega y entereza que merece. Te has convertido en el centro de nuestra existencia y solo por eso tenemos la obligación de hacerte entender que la familia, nuestra pequeña familia, siempre estará a tu lado para consolarte cuando más lo necesites y aplaudir cada una de tus alegrías como buenos forofos tuyos que siempre seremos. Te amamos desde lo más profundo de nuestro ser y eso, mi cielo, es lo más bonito que puedes heredar. 

Ama, ámate y siempre ama. Desde el amor, todo se puede.

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